sábado, 22 de octubre de 2016

Obreros

Grúa Titán en la construcción del puerto de Melilla en 
En la pirámide de la estructura profesional de trabajo en Melilla, por debajo del maestro de obras o contratista encontramos, en la base de la pirámide, los obreros.

La estructura de trabajo, que contaba con un facultativo superior, un técnico-empresario que controlaba parte del proceso constructivo, que requería materiales (importados o producidos "in situ") también se apoyaba en una serie de obreros, unos especializados (que serían cotizados operarios) y otros no, y que completaban por su base esa especie de pirámide productiva.

Construcción del colector de Melilla en 1916
La construcción de la casa, requería un equipo bastante complejo para elaborar un producto de calidad, y que en edificios de cierto empaque exigía una estrecha coordinación. Las labores más especializadas y que requerían mayores conocimientos técnico-artesanales eran las de forja, carpintería, piedra artificial y pintura; el tipo de operarios que desarrollaban estos trabajos contaba con un status muy superior al del resto de obreros no cualificados.

Habitualmente formaban empresas independientes, contando con talleres propios (carpintería, forja) que producían directamente para la cadena de producción arquitectónica.

Su trabajo tenía un doble carácter, por un lado funcional (corrimiento de balcones, carpintería de puertas y ventanas, estructuras metálicas de escaleras, etc), pero por otro representaba el acabado final de muchos de sus elementos, fachada, piedra artificial, refería, pintura, etc.)

La construcción de la ciudad, como industria capitalista, también empleaba una masa de obreros no especializada, que constituía la "mano de obra barata".

Construcción del puerto en 1922
A finales del siglo XIX se utilizaba en las obras a los presidiarios, gratificándoles con un jornal de 0,30 a 1 peseta, pues no había en la plaza otros obreros disponibles. Incluso hubo algún momento en que las construcciones municipales no tuvieron operarios porque estaban ocupados en otros trabajos. Sería la construcción del ensanche del Polígono la que generase las necesidades: así, en una sesión de la Junta de Arbitrios de 1892, una comisión de propietarios de este barrio se quejaba al presidente de la Junta de que sus "habitaciones" estaban vacías y que para remediar esta situación, no se debería utilizar a los penados en los trabajos públicos, y sí a obreros libres que vinieran de la Península para este fin. Estos obreros ocuparían (o sea, alquilarían) de paso las viviendas construidas, y no se marcharían de vuelta a Málaga, gastándose su jornal en Melilla.

Construcción del Puente del Mineral en 1922
A partir del año 1893, los obreros vinieron en avalancha, constituyendo a partir de entonces un serio y permanente problema de difícil solución para las instituciones: el paro obrero. Las autoridades ante este problema fomentaron las obras públicas siempre que pudieron.

El jornal de un obrero libre y español empleado en la construcción de carreteras era de un mínimo de 2 pesetas por 9 horas de trabajo. En los momentos en que se construían los ensanches la mayor parte de los empleados eran de origen español, pero no exclusivamente; en 1908, un musulmán se caía de un andamio de las casas en construcción; cuatro días después le ocurría lo mismo un obrero español.

Los accidentes laborales no era raros por el trabajo duro y la escasa remuneración. Hay datos de conatos de huelgas en el colectivo obrero. Los accidentes laborales también eran bastante frecuentes.

Obras del barrio del Real en 1924
Las posibilidades de unirse en sindicatos era bien difícil por el carácter militar de las instituciones locales, pero finalmente se autorizaría una sociedad de albañiles, pintores y similares, la Sociedad Adelante el día 6 de febrero de 1919, esta agrupación se dirigiría a la Junta de Arbitrios y a los patronos exigiendo una jornada máxima de 8 horas, la abolición del destajo, el aumento de una peseta en el jornal y la imposición del pago semanal.

El paro obrero fue el mejor sistema de regular la oferta y la demanda y de controlar que los sueldos de los obreros no se disparasen. El Estado y las instituciones se comportaban ante el problema de una manera totalmente paternalista: fomento de las obras públicas y la beneficencia.

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