sábado, 30 de julio de 2016

Historia geológica y paleoclima de Melilla

Vista aérea de la costa de Melilla
Los estudios geológicos generales sobre el Mediterráneo y las exploraciones de geólogos españoles en el entorno próximo, durante los primeros años del Protectorado, fueron sintetizados por Yus y Cabo en forma de historia geológica local.

Embalse de Michirahama en el Gurugú
El relato geológico que nos permitirá comprender nuestra realidad comienza en la era Terciaria, al comienzo del Mioceno, hace aproximadamente 22 millones y medio de años, al que pertenecen los sedimentos más antiguos de Melilla. Con anterioridad a este época, Melilla formaba parte del fondo del mar. En ese momento se comienzan a sentir movimientos de elevación de los fondos marinos, existiendo ya terrenos sobre el nivel del mar en forma de islas. Tras el Mioceno, la región acusó nuevamente un fuerte movimiento de eversión en el Plioceno, en el que la erosión formó depósitos de margas grises, que tendrán gran importancia para la vida de Melilla. Le siguió un período de inmersión considerable, en los que la erosión de las partes emergías fue muy fuerte y los sedimentos formados por arenas, carbonatos y arcillas adquirieron magnitudes considerables, constituyendo estratos que actualmente forman las rocas de Melilla tal como se encuentran en los acantilados de Aguadú. La distensión que se produjo al cesar los esfuerzos de eversión favoreció el desarrollo de volcanes. En este momento aparecen el Gurugú, la isla de Alborán, las Chafarrinas y la punta de Tres Forcas.

Costa de Melilla (Foto: FotografiasdeMelilla.blogspot.com)
Al comienzo del Cuaternario, en el Pleistoceno, el clima era tropical, cálido y con grandes lluvias. Se han encontrado restos fósiles de Elephas y Rhynoceros que permiten asociar vegetación de tipo tropical en toda la región. El relieve formado por la eversión de la zona comienza a erosionarse formando se la actual red hidrográfica. Se producen las últimas manifestaciones post-orogénicas, que provocan el basculamiento de toda la región hacia el este, por lo que nuestra costa acantilada es alta en contraste con la orilla occidental de la península de Tres Forcas. Por las mismas razones aparecieron fracturas en el Gurugú hacia el este, sentando las bases geológicas de la futura Mar Chica. El proceso termina con las últimas erupciones en la periferia del Gurugú, de la que el Atalayón es un ejemplo. El proceso de basculamiento reseñado tiene, por último, un importante efecto, pues las fracturas en dirección este determinarán un brusco cambio de dirección del río de Oro, que aprovechando las depresiones originadas por las fracturas llegará al mar en Melilla. El Holoceno tuvo el efecto de rellenar con depósitos aluviales la red hidrográfica recién formada, llegando al mismo tiempo grandes bolos de basaltos erosionados y acarreados por las lluvias, más intensas que las actuales, al tiempo que se acumularon arenas litorales formándose la Mar Chica.

Playa de los Galápagos
La consecuencia directa de estos procesos geológicos ha sido hacer posible la vida humana en Melilla desde la Prehistoria hasta nuestros días. La vida humana se estableció allí donde las condiciones ecológicas la hacían posible, y la primera condición y principal es el acceso al agua. La formación de la capa de margas grises, de carácter impermeable, en contraste con la permeabilidad de los depósitos de carbonatos y sobre todo arenas que formaron las arenosas o asperón, permitiendo la infiltración en el subsuelo del agua de lluvia, ha sido la condición necesaria para la formación de acuíferos que han permitido a Melilla disponer de agua. Hasta la independencia de Marruecos, en 1956, el abastecimiento de agua de Melilla consistió en las acometidas desde el Gurugú, que actualmente se mantienen en Yasinen y Trara, más algunos manantiales locales y la traída de agua del Tigorfaten. El miedo a la dependencia de agua de Marruecos llevó a las autoridades españolas al estudio hidrológico de los acuíferos locales. De la Concha presentó su informe en 1958, localizando tres importantes acuíferos, el calizo en las orillas norte del río de Oro, el acuífero volcánico del Gurugú, al sur, y el del río de Oro, en el centro, aunque debido a la contaminación por los productos de la agricultura, especialmente nitratos, no se explota actualmente para consumo humano sino industrial y para riego. Los dos acuíferos restantes se comenzaron a explotar y proporcionan agua en la actualidad. El acuífero calizo, en parte por la proximidad al mar y en parte por la salinidad aportada por ella gua en su infiltración a través de las areniscas, es de peor calidad mientras que el acuífero volcánico presenta aguas de buena calidad pero que se resienten por la sobreexplotación. Esta causa, con la salificación y el aumento de consumo de agua tanto por el crecimiento demográfico como por la mejora de la calidad de vida y el crecimiento económico, hacen inviable hoy en día garantizar el abastecimiento de agua de Melilla, por lo que se ha sondeado en busca de acuíferos profundos, no renovables, para mantener los caudales necesarios, al tiempo que se ha apostado por la tecnología de desolación de agua de mar como solución a largo plazo y la construcción de un balcón o pequeño embalse comunicado con el puerto para ser llenado con buque-tanque.

Desoladora de Melilla
(Extraído de Historia de Melilla, de Antonio Bravo Nieto y Pilar Fernández Uriel)

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